Cultura

Cuando el mundo mira a Oaxaca

Hay ciudades que esperan todo el año la llegada del verano. Oaxaca, en cambio, espera julio.

Cuando el mundo mira a Oaxaca

Porque julio no es solamente un mes del calendario. Es un estado de ánimo. Es el momento en que las calles vuelven a llenarse de música, las plazas recuperan el aroma del chocolate, el pan y el mezcal recién servido, y los colores de los textiles parecen multiplicarse para recordar que aquí la tradición nunca permanece inmóvil; siempre está viva.

Hace apenas unas semanas, millones de personas alrededor del planeta dirigían su mirada hacia México con motivo de la Copa Mundial de Futbol. Durante días, nuestro país fue escenario de emociones compartidas, de visitantes que cruzaron fronteras y de historias que unieron culturas. Terminado el silbatazo final, esa mirada no desaparece. Simplemente cambia de rumbo.

Y ese rumbo conduce inevitablemente hacia Oaxaca

Cada julio, nuestro estado abre sus puertas para mostrar aquello que ninguna transmisión televisiva puede explicar completamente: la fuerza de un pueblo que ha aprendido a conservar su identidad compartiéndola con los demás.

La Guelaguetza representa precisamente eso. Mucho más que una celebración folklórica o un espectáculo de danza, es la expresión más profunda de un principio que ha dado forma a la vida comunitaria durante generaciones: dar sin esperar recibir. Compartir lo que somos para fortalecer lo que somos juntos.

Por ello, cada delegación que asciende al Cerro del Fortín lleva consigo mucho más que un vestuario impecable o una coreografía perfectamente ensayada. Lleva la memoria de su comunidad, la voz de sus ancestros, el orgullo de sus lenguas originarias y la responsabilidad de representar a toda una región. Detrás de cada son, de cada chilena, de cada jarabe o danza ceremonial, existen meses de preparación, familias enteras involucradas y una historia que continúa escribiéndose año tras año.

Pero julio también tiene otro aroma inconfundible

Es el perfume del agave cocido que anuncia el inicio de la Feria del Mezcal, uno de los encuentros más importantes para productores, maestras y maestros mezcaleros, cocineras tradicionales, artesanos y visitantes provenientes de todas partes del mundo. Durante varios días, el Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca reúne cientos de expositores que muestran no sólo la extraordinaria diversidad del mezcal oaxaqueño, sino también la riqueza gastronómica, artesanal y agroindustrial que distingue a nuestro estado.

“El verdadero valor del mezcal no se encuentra en una jicarita: se encuentra en el tiempo, la tierra y la familia detrás de cada botella.”

Sin embargo, el verdadero valor del mezcal no se encuentra únicamente en una veladora o jicarita, como acostumbramos tomarlo aquí en Oaxaca. Se encuentra en el tiempo que requiere sembrar un agave durante años antes de cosecharlo; en el conocimiento heredado entre generaciones; en las manos que todavía trabajan con respeto por la tierra y por los procesos tradicionales. Cada botella guarda una historia, un paisaje y una familia.

Y mientras la ciudad recibe visitantes, Oaxaca entera celebra

Los mercados de Oaxaca durante julio, llenos de color y aroma.
Los mercados de Oaxaca durante julio, llenos de color y aroma.

Las calendas recorren las calles anunciando la fiesta con música y monos de calenda; Donají… La Leyenda revive uno de los relatos más emblemáticos de nuestra historia; las ferias artesanales exhiben el talento de comunidades de todo el estado; los festivales gastronómicos convierten al mole, al tejate y a los sabores regionales en protagonistas; conciertos, exposiciones, competencias deportivas tradicionales y actividades culturales completan una agenda que transforma julio en el mes más vibrante del año. Todo esto ocurre mientras miles de turistas descubren que Oaxaca no es un destino para visitar una sola vez.

Porque esa es la esencia de Oaxaca

No impresiona únicamente por sus monumentos, calles, cultura o sus paisajes. Conquista por su capacidad de hacer sentir parte de una comunidad a quien llega por primera vez. Hoy, cuando el mundo vuelve a mirar hacia Oaxaca, tenemos una oportunidad extraordinaria: la de recordar que nuestro mayor patrimonio no está solamente en nuestros edificios, en nuestras montañas o en nuestras tradiciones. Está en nuestra gente.

En quienes conservan una lengua originaria. En quienes siguen bordando a mano. En quienes cultivan el agave con paciencia. En quienes preparan un mole siguiendo la receta de sus abuelas. En quienes continúan creyendo que compartir siempre será la mejor manera de preservar nuestra identidad. Julio nos recuerda que Oaxaca no necesita parecerse a ningún otro lugar para conquistar al mundo. Le basta con seguir siendo auténticamente Oaxaca. Y esa, quizá, es la razón por la que el mundo siempre vuelve la mirada hacia nosotros.

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